Archivo de la categoría: OPINION

Virtudes de la competencia

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No nos engañemos, por Lucía Etxebarría

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¿Crisis o tortura? La desnudez de la tortura, o el martirio de estar desnudos

La desnudez de la tortura, 

o el martirio de estar desnudos

Nos aterra la palabra dictadura. En ellas, si un habitante, cualquiera, es detenido por las “fuerzas del orden”, será empujado en ese  vehículo pavoroso a un cuartelillo donde la entrada es espanto a la privación del retorno al hogar y la libertad.
Allí, una minúscula desconfianza o estrictamente que su aspecto no agrade al mandatario de turno bastaría para confinarte en una mazmorra por la duración que estimen pertinente. Ello, o directamente la muerte a balazos, desaparecer en una fosa anónima.
Quizás decidirán que abandones tus enseres personales, sobre todo por “el riesgo de autolesionarse”. Y entonces pasarás un tiempo en el calabozo, abandonado a tus miedos. Como ser sensible tienes varias alternativas. Puedes maldecir al centinela denunciando tu inocencia. Puedes mostrar tu rabia ante el muro y la sordera de tus guardianes. También podrías doblar tu orgullo y admitir tu designación de carnaza.
Quizás la zozobra de hallarse al arbitrio de un tirano, bastará para suavizarte. Según el talante moral del verdugo, el temperamento será grosero o pulido.
Si eres insurrecto y comprometido, hallarán varias técnicas para apearte de tus vanidades. La más depurada, y sutilmente degradante, radica en situarte bajo poderosos reflectores, y rematadamente privado de toda prenda o vestido. Ya no es necesario practicar intimidación agresiva. Tu desnudez física te derribará en un soplo tu propia consideración. Justo después de un intervalo moderado, quedarás decidido a consentir la revelación que ellos consideren, en canje por abandonar la inmundicia que te esclaviza. 

¿No es cierto que esta oscura crisis económica ha procedido parecido sobre el organismo de esta colectividad? Como un dispositivo regulador, semejante a una dictadura. Oímos incansables publicaciones, espacios televisivos, tertulias apocalípticas… palabras mordaces que han instituido una calima venenosa sobre el juicio, o apreciación, de los habitantes, encolerizados.
Aparentaría que es un escenario dispuesto para que la desesperanza se despliegue entre nosotros, con un resultado exterminador. Y cuyo propósito sería eliminar cualquier tipo de respuestas ante el incierto porvenir.
Tal como en el calabozo, este régimen, que subyace detrás de los estados, ha prohibido a personas sin trabajo los enseres personales, quizás para que no atente contra su vida y considere que la más ínfima prenda es un pago a su obediencia. Y al que conserva su trabajo, como en aquel calabozo solitario, le condena a descubrir su cuerpo despojado en el espejo de las leyes. Y entonces se circunscriben a mostrarle esos datos que tú no entiendes, pero tiemblas. Y, como una penitencia a una posible oposición,  te despliegan sin decoro la flamante reforma laboral. Los mandatarios te agasajarán si tu sociedad te quebranta el salario. Ese será el indicador de que aún eres afortunado de no ser despedido. 

Aquel vecino detenido por las “fuerzas del orden”, torturado con desnudez, se sentirá complacido cuando su patrón le dispense cualquier prenda interior que le permita camuflar todos sus temores.
Ramón Leal

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La piedra inmóvil, o la idiotez de los silencios. Ramón Leal

Cuanto más presume el árbol de sus hojas, más esclavo es de sus raíces. La necesidad de aire fresco nos eleva la mirada hacia el ramaje mecenas del sosiego, de la calma al amparo de unas ideas ya definidas. 

Pero son ellas, las palabras, bulbos lacerantes que se aferran a nuestras ideas concluidas, quienes nos nutren de pasado y se arriman al azar pues carecen de mirada en vanguardia. Las palabras que mostramos, y también nuestros silencios, nos revelan desnudos: a menudo se quiere aparentar un ropaje de estética disecada, que parece esconder una habilidad nueva, tecnológica, de aquella vieja costumbre de seguir el rebaño, y que, como dijeron “sean otros los que piensen”.

Nos creemos todo aquello que la evidencia desacredita, aquello que la realidad nos está mostrando de manera contraria.

Pero, como expresaba magistralmente Julio Cortázar, “pensamos en cuanto hablamos, y hablamos en cuanto pensamos”… ello nos diferencia de otros animales. ¿Por qué la elusión a la palabra, a penetrar en las dudas de una realidad que se manifiesta abiertamente hostil? “Quizás no me alcance”.
Y es justo ahí cuando no comprendo los fundamentalismos religiosos o ascéticos (no los diferencio bien). ¿No hablan todos de “amor”, “justicia”…?

Es tiempo, lúgubre término inapelable, de inocencias: nadie asume protagonismo del presente, no se busque verdugo ni asistente. Nadie, excepto quien manda sin  poder,  es apoderado de esta suerte de tinieblas. El poeta regresa a las rosas, describiendo sus jarrones. El economista, prostituta fiel, mancilla sus palabras con recetas polvorientas: nadie vea las raíces castigadas. El alimento fluye, escaso, pero los pámpanos que se ofrecen custodian un brillo opaco de armonías paradójicas.

Odio, no quise nunca usar el término,  la indiferencia cómplice,  garantía de la indemne savia que perpetúa este tejido fósil,  donde cada futuro cadáver se asoma a un sueño que reconoce nunca pondrá en evidencia.

Y nadie es culpable. Nadie es fiador de este árbol que perdura. En ello consiste el melodrama: imposible la resolución del crimen pues sospechosos, testigos y jueces, todos son secuaces, se autoresignan como coautores del terror. Nadie verbaliza su connivencia, pero ¿no somos racionales?  Nuestros actos nos delatan:  una inercia de excesos deja un rastro de testigos cómplices del desplome:  cada compra es un gesto asociado con el crimen, cada aproximación solidaria al opio futbolario es la cesión gratuita de nuestra inocencia. Algo es terrible, todos presumen de pureza; otro río es inverosímil: sólo es creíble aquello que conduce al mar, al océano del tributo y al valle del júbilo.  

Unos tertulianos enfundan sus micros, de soslayo comprueban que cada gesto está en el lugar de ayer, de siempre, nada amenaza el curso de la historia, de su historia representada en voces disonantes dentro un frasco de vidrio que grita su frágil equilibrio, su lánguida destreza.
Ramón Leal

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Competencia y solidaridad

   Si gran parte de nuestro alrededor se montó al tren de la competencia… Cuando necesitamos solidaridad frente a aquellos que nos han engañado, ¿sabremos abandonar las ganas de ser y tener más, para abrazar el deseo de ser algo juntos? Lo dudo…
 

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Sugerencia. Los motivos del hambre en el mundo

En solo 10 minutos de reportaje Jean Ziegler deja muy claro que las personas que mueren diariamente de hambre y de sed actualmente en el planeta son asesinadas por la especulación criminal que de forma global se hace con los productos de primera necesidad.
“Las causas del hambre”. Informe semanal TVE1 17-06-2006

Conclusión clara y precisa: ASESINATO.
Como este es un tema muy recurrente y sometido a muchas visiones ambiguas, este reportaje ayuda a situarlo en sus justos términos.

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Concurrencia entre lo público y privado. Ramón Leal


Escándalos y palabras acusadoras se entrecruzan. Llueven correos acusadores, como francotiradores apostados a ambos lados de nuestra existencia virtual.

Pero falta un análisis basado en la autocrítica. De joven, cada reunión oportuna comenzaba por ello: situación actual, crítica y autocrítica… y estrategia a seguir.

Hoy en día parece que lo cotidiano apenas nos interesa como elemento a valorar. Asumimos que pertenecemos a un ente superior que acoge todas nuestras perspectivas. En resumen, nos alineamos a cualquiera de las definiciones establecidas, y eludimos cualquier contraste, incluso los más evidentes, que nos facilitarían al menos una reflexión razonable.

Situación económica, indefinición de las libertades, predominio de los mercados, terrorismo, profundos cambios en la geopolítica (se tiene información, pero no se “asume” las consecuencias de los hechos)… Cualquier análisis contrastado de todos estos elementos, e incluso otros, sitúa en un ridículo absoluto a las posturas predominantes. Sin embargo, el proceso alternativo de optar por una u otra “alternativa plausible” define claramente la implicación real y “responsable” (culpable) de las actitudes ciudadanas. La verdad mediática viene sustituyendo al debate o contraste de propuestas. La alineación mediática implica de por sí una anulación del espíritu crítico.

Explíquenme, si no, ante debates públicos tan actuales cómo, aunque la realidad, hemerotecas incluidas, indiquen lo contrario, grandes personajes públicos siguen manteniendo posturas incrustadas en la mentira evidente, el engaño incuestionable… y todo ello con el convencimiento notorio de que ese camino les conducirá al éxito social.

Por un momento olvidemos lo público, y realicemos un pequeño análisis de aquel ámbito más cercano: centros de trabajo, amigos, ámbito vecinal… ¿Encontramos algo diferente? ¿Existe un espíritu crítico en nuestra vida cotidiana? Analicemos el modelo de persona paradigma del triunfo social. No hallaremos grandes diferencias a este modelo socioeconómico que nos han construido. Incluso en aquellos lugares donde se “presume” de ser palmariamente contrarios al sistema se reproduce la eficacia de éste en las más nimias de las facetas: culto al éxito individual, desprecio de aquello que carece de valor de mercado, distanciamiento del lenguaje como elemento creador, la asunción de los fenómenos de masas (fútbol…) como ocio y no como una fiel reproducción de los valores que nos inyectan…

Y continuaríamos, y nos asombraríamos de comprobar que el caudal enorme de información no es sinónimo del avance de una cultura informativa y formativa acorde a la compleja realidad actual. Tribus mediatizadas por informaciones sin contrastes.

Pero, en el fondo de la cuestión, a pesar de la dilatada cultura acumulada y presente al alcance de un golpe de ratón, apenas existe un modelo único de pensamiento y “presencia social”. Todo lo demás se presenta como pintorescas “culturas alternativas” que, a pesar de su bondad, nada favorece al avance social.

Ramón Leal

  

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